Peregrino Azul

Cuando lo pierdes todo, solo te queda dar la vuelta, e irte

jueves, noviembre 23, 2006

Soy yo

No lo sabía. Como no lo supe en otro tiempo, he continuado mirando ese espejo y al extraño que nunca sacía la eterna ausencia de ser. Un agujero negro, ignorante de su propia negrura, redimiéndose en el ojo ajeno sin entender lo que entrega a cambio: la nada por salario a la mayor de las entregas, y el todo por dote al mayor interés contable en la bolsa de valores de los egos. Puse el corazón honestamente ingenuo de mis propios ardides sin comprenderme desintegrado, sin saberme lejano, sin mirar al presente. Sembré cizaña amorosamente. Espina y espiga; solo una letra distraída y volantona, casi casual. No supe detenerme a leerla bien. Los griegos razón tenían: la ignorancia no excusa la culpa.

Por fin lo veo. Detrás de mi esencia otra esencia aflora con agazapada y constante dedicación; la que tira la piedra y se esconde luego. Ni yo mismo lo supe distinguir. Quizás no me quise dar cuenta para tener dedos con qué señalar, pero ahora es demasiado evidente. Soy yo. He dejado una senda llena de muertos, y sin mirar hacia atrás suspiro por estar tan solo. Yo mismo lo hice. Que dolor.

Cómo iba a darme cuenta, si andaba sumergido en la alineación de mis propias ausencias ignotas? Cuanta gente me lo dijo y no lo supe comprender… es increíble.
Soy yo. Nunca lo hubiera pensado. No me sabía tan abandonado, tan distraído. Soy una victima más de mi propio otro ignorado. No me queda nada ahora, ya me voy; una vez mas. Soy yo. Alejé a tanta gente amada, y los culpé de su abandono, creo que nunca me lo perdonaré. Soy yo, y no lo olvidaré.

viernes, noviembre 17, 2006

Tumulos despiertos


Estar muerto de dicha con la memoria de los túmulos que sonríen el fin de un extraño y agitado suspenso. Allá arriba sean las flores y el paso travieso de los niños. Allá sea la memoria, el amor y la vida.

Aquí abajo siembro semillas de un olvido tan hondo, empantanado de una tibia capa de humus amigo, que me acerca al retorno de la nada que me originó tras una explosión, en un ancestral lecho paterno.

Ya me voy, una y tantas veces me sigo llendo, hasta que el ultimo hueso reconozca que aquí abajo la sonrisa también sabe ser olvido.

jueves, noviembre 16, 2006

Mareas

Subir, bajar. Una danza interminable que bailamos sin ser consultados. Tierra firme allá, sempiternamente visible y calida, casi siempre a la mano y casi siempre tan lejos. Este naufragio se ha tragado la memoria de los buenos tiempos dejando gritos ahogados de auxilio que no pude atender, hasta que el más rotundo silencio me dejó en este subir y bajar que solo la roca destruye en estallidos líquidos de agua salada que mis pestañas conocen bien. Valiente capitán resulté.

Es el océano de la vida, o solo mi propio vaso con agua? Me supe desertor de los peligros, visionario de la calamidad, represa de las lágrimas y carcelero de la desdicha; pero el miedo, siempre el miedo. Y la carencia del vientre que me parió con un amor bastardamente legal, donde el cariño tiene precio. Océano que me lleva a la playa para salvarme. Océano amiótico que no supiste salvar la gota de nuestras sangres menos culpables. Océano que te tragas la memoria y nos dividiste en continentes. Pobre Pangea, tan partida hoy como feliz en otro tiempo. Cuanto ha que cicatrizas a los frutos benditos que engendramos cuando éramos Edén; es que ahora seremos presa de la arqueología, de los años, de la sedimentación? Pangea ríe de saberme lejos. No hay tierra a la vista para los expulsados del paraíso. Adán yace entre las olas.

martes, noviembre 07, 2006

Un viaje. En realidad uno más.

Maletas medio vacías para poder llevarme las cosas que encuentre en el camino. Es triste saberse peregrino de los destinos inciertos, sin posada para las noches repentinas que de pronto sorprenden al pié, a la mano, al cuerpo entero.

Quizás cuente todo aquí, quizás no. Soy el hombre más necio del mundo. También debo ser algo parecido a un fenecer indescriptiblemente lejano y amarillo de atardecer, del que ningún ojo se cuelga por culpa de las eternas neblinas de mi ciudad: Lima.

Siempre persiste la tentación de Lot por culpa de un cuello con demasiada memoria. No debo quedarme aquí, la sal nunca me sienta bien porque las humedades salinas son casi inherentes a estas descuajadas retinas, las más ciegas que pudo la naturaleza crear.

No sirve de nada lamentarse por lo sucedido, por eso es un vicio y una necesidad reconocer en que parte del circulo paso estos días, y romperlo si puedo, para poder echarlo a la tibieza del olvido. Aun alguien me mira desde el cielo, aun digo, pues un día no quise mirarlo, no hablo de Dios pero sí de mi sangre ya redimida por el peor de mis fracasos. Quizás un día pueda darle sentido a mis treinta y cinco rayas de tigre, pero hoy es el frió y el rechinar de dientes. Quisiera ser como la salamandra que regenera la extremidad perdida. Ya no soy yo. Ella tampoco.